martes, 16 de enero de 2018

Cristo promete perdón y vida eterna a todo pecador que cree en Él y le sigue. Cuando ponemos nuestra fe en Jesús, somos adoptados como hijos de Dios y recibimos su Espíritu que viene a morar en nosotros, y quien nos bendice abundantemente con gozo, paz y dirección.



Somos siempre bienvenidos al trono de la gracia, y tenemos acceso a Él en cualquier momento. Él promete escuchar y responder cuando le buscamos con un corazón arrepentido.
No merecemos la invitación del Señor de tener una relación íntima con Él. Sin embargo, por su gracia, Él es tierno y compasivo con nosotros. ¡Qué privilegio tan grande es poder acercarnos al trono del Rey, sabiendo que Él escucha, comprende y nos ama!

viernes, 12 de enero de 2018

Cuando sientas que no puedes con un vicio, o te paraliza el odio, el dolor o te sientes apegado al materialismo



"¿De qué le sirve al hombre ganar todo el inundo
si pierde su vida" (Mt 16,26)


Recuerda la clase de sentimiento que experimentas cuando alguien te elogia, cuando te ves aprobado, aceptado, aplaudido... Y compáralo con el sentimiento que brota en tu interior cuando contemplas la salida o la puesta del sol, o la naturaleza en general, o cuando lees un libro o ves una película que te gustan de veras. Trata de revivir este último sentimiento y compáralo con el primero, el producido por el hecho de ser elogiado. Comprende que este primer tipo de sentimiento proviene de tu propia "glorificación" y "promoción" y es un sentimiento mundano, mientras que el segundo proviene de tu propia realización y es un sentimiento anímico.
Trata luego de verte a ti mismo en el transcurso de un día o de una semana y piensa cuántas de las acciones que has realizado y de las actividades en que te has ocupado han estado libres del deseo de sentir esas emociones e ilusiones que únicamente producen vacío. del deseo de obtener la atención y la aprobación de los demás, la fama, la popularidad, el éxito o el poder.
¿Qué es entonces, la felicidad? Muy pocas personas lo saben, y nadie puede decírtelo, porque la felicidad no puede ser descrita. ¿Acaso puedes describir lo que es la luz a una persona que no ha conocido en toda su vida más que la oscuridad? ¿O puedes quizá describir la realidad a alguien durante un sueño? Comprende tu oscuridad, y ésta se desvanecerá; entonces sabrás lo que es la luz. Comprende tu pesadilla como tal pesadilla, y ésta cesará; entonces despertarás a la realidad. Comprende tus falsas creencias, y éstas perderán fuerza; entonces conocerás el sabor de la felicidad.

martes, 9 de enero de 2018

Espíritu Santo ilumina mi mente, mis pensamientos, mis ideas, dirígeme, gobiérname, santifícame, restaurame


«Un pequeño error al principio, se vuelve grande al final». Tomás de Aquino

Se llama inteligencia (intellectus principiorum) a la capacidad de ver la verdad de inmediato, sin necesidad de discurrir. Las verdades inmediatas son "principios primeros": se entienden por sí mismos y causan la intelección de las demás verdades. Ante los primeros principios el entendimiento es como el ojo ante de la luz: no necesita buscar, ya posee. Son ejemplos de primeros principios: «Es imposible afirmar y negar lo mismo, a la vez, respecto a la misma cosa» (principio de no-contradicción); «Haz el bien y evita el mal» (principio de la acción). Como los principios son evidentes, no necesitan ser demostrados; son el paradigma de la verdad inmediata.
Imagínese que el capitán de una nave comete un pequeño error al fijar el rumbo: cuanto más avanza, más se aparta de su destino. Quien se equivoca en algo elemental, por mucho que razone, no llega a conclusiones buenas, sino por casualidad. Esto pone en su lugar el papel del razonamiento.

miércoles, 3 de enero de 2018

La herencia es el mismo Dios, que se nos entrega en la persona de Cristo Jesús. Es su Salvación, su Amor, su Vida, su Gracia, su Reino. Jesús es la herencia eterna preparada por el Padre para los hombres




Guardemos nuestra esperanza con firmeza y entusiasmo...
Pues tendremos parte en Cristo,
con tal de que conservemos hasta el fin,
en toda su firmeza,
nuestra confianza del principio.

Cristo Jesús es nuestra esperanza (1 Tim 1,1). Vino a mostrarnos el Amor del Padre, venciendo a la muerte. Venció a las tinieblas, a la mentira, al odio. Venció al miedo. Triunfó del pecado. Y ahora, “está en presencia de Dios, a favor nuestro” (Heb 9,24). De la fe firme en él brota una esperanza inquebrantable, incapaz de desenga­ñarnos. Con la victoria de Jesús, se nos abre “un consuelo eterno y una esperanza feliz” (2 Tes 2,16-17).



Jesucristo, el Hijo de Dios, es, por nacimiento, el heredero de las ri­quezas del Padre. A él “Dios le constituyó heredero de todas las cosas” (Heb 1,2). Pero antes pasó por el dolor de la muerte, para romper las cadenas de esclavitud que impedían el cumplimiento de las antiguas promesas de Dios a los hombres. Nos hizo hermanos suyos, y por con­siguiente, herederos juntamente con él.
Dios envió a su Hijo...
para que libertara de la ley
a todos los que estaban sometidos.
Así llegamos a ser hijos adoptivos de Dios...
Por lo tanto, ya no eres un esclavo, sino un hijo,
y por eso recibirás la herencia por la gracia de Dios.
(Gál 4,4-7)
Al morir para pagar por nuestros pecados...
consiguió que los elegidos de Dios
recibieran la herencia eterna prometida.
(Heb 9,15)
Los que se unen a Cristo por la fe (Rom 4,13-14) se sienten seguros en Dios, pues han recibido el Espíritu que los hace hijos legítimos de Dios (Rom 8,15-16).
Si somos hijos, somos también herederos.
Nuestra será la herencia de Dios,
y la compartiremos con Cristo;
pues si ahora sufrimos con él,
con él recibiremos la gloria.
(Rom 8,17)
Si pertenecemos a Cristo, somos “los herederos, en los que se cum­plen las promesas de Dios” (Gál 3,29).
Creyendo en Jesús,
quedamos sellados con el Espíritu Santo prometido,
el cual es la garantía de nuestra herencia