domingo, 17 de diciembre de 2017

Jesús nace para que nos alegremos, para que nos abramos a la esperanza, para que nos sintamos amados, para que vivamos. Jesús no ha nacido para que suframos, para que nos mortifiquemos, para que tengamos miedo.


Jesús no viene en primer término para juzgar,  para condenar, para legislar. Jesús viene para curar, para iluminar,  para levantar, para liberar, para perdonar, para salvar, que eso es lo  que significa su nombre. Jesús es el Dios que salva, que ama y que  da vida. Esta será su misión constante. Una misión no siempre  comprendida, porque la vida no todos la entienden de la misma  manera. Esto a la postre le llevará a entregar su vida para que todos  vivan. «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus  amigos» (Jn 15,13). Ahí, en la muerte de Jesús, la muerte de la Vida,  muerto de amor, es donde más se manifestó la gloria de Dios, porque  fue el acto supremo del amor, entregado para que los hijos vivan, el  gesto supremo de vivificación (cf. Jn 12, 23. 28- 32). Es como la  madre, que en gesto supremo de amor sacrifica su vida para que el  hijo pueda nacer; o tuviera que dar su sangre para que el hijo pudiera  resurgir; ésa sería la mayor gloria de la madre.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Tu misericordia, Señor, llega hasta el cielo, tu fidelidad hasta las nubes.



La fidelidad de Dios se muestra especialmente en el hecho de que siempre acoge de nuevo al pueblo, Quienes son fieles le son muy gratos, (Proverbios 12, 22) y les promete un don definitivo: el que sea fiel hasta la muerte, recibirá la corona de la vida  (Apocalipsis 2,
20 ). La idea de la fidelidad penetra tan hondo en la vida del cristiano que el título de fieles bastará para designar a los discípulos de Cristo. Somos fieles si guardamos la palabra dada, si nos mantenemos firmes, a pesar de los obstáculos y dificultades, a los compromisos adquiridos. Se es fiel a Dios, al cónyuge, a los amigos. Referida a la vida espiritual, se relaciona estrechamente con el amor, la fe y la vocación.

¿Cómo puede el hombre, que es mudable, débil y cambiante, comprometerse para toda la vida? Puede, porque su fidelidad está sostenida por quien no es mudable, ni débil, ni cambiante, por Dios. El Señor sostiene esa disposición del  que quiere ser leal a sus compromisos y, sobre todo, al más importante de ellos: al que se refiere a Dios –y a los hombres por Dios-, como en la vocación a una entrega plena, a la santidad. Lo principal del amor no es el sentimiento, sino la voluntad y las obras; y exige esfuerzo, sacrificio y entrega. El sentimiento y los estados de ánimo son mudables y sobre ellos no se puede construir algo tan fundamental como es la fidelidad.  Esta virtud adquiere su firmeza del amor, del amor verdadero. Sin amor, pronto aparecen las grietas y las fisuras de todo compromiso.
Quienes son fieles le son muy gratos, (Proverbios 12, 22) y les promete un don definitivo: el que sea fiel hasta la muerte, recibirá la corona de la vida  (Apocalipsis 2,
20 ). La idea de la fidelidad penetra tan hondo en la vida del cristiano que el título de fieles bastará para designar a los discípulos de Cristo. Somos fieles si guardamos la palabra dada, si nos mantenemos firmes, a pesar de los obstáculos y dificultades, a los compromisos adquiridos. Se es fiel a Dios, al cónyuge, a los amigos. Referida a la vida espiritual, se relaciona estrechamente con el amor, la fe y la vocación.

¿Cómo puede el hombre, que es mudable, débil y cambiante, comprometerse para toda la vida? Puede, porque su fidelidad está sostenida por quien no es mudable, ni débil, ni cambiante, por Dios. El Señor sostiene esa disposición del  que quiere ser leal a sus compromisos y, sobre todo, al más importante de ellos: al que se refiere a Dios –y a los hombres por Dios-, como en la vocación a una entrega plena, a la santidad. Lo principal del amor no es el sentimiento, sino la voluntad y las obras; y exige esfuerzo, sacrificio y entrega. El sentimiento y los estados de ánimo son mudables y sobre ellos no se puede construir algo tan fundamental como es la fidelidad.  Esta virtud adquiere su firmeza del amor, del amor verdadero. Sin amor, pronto aparecen las grietas y las fisuras de todo compromiso.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles, sobre los que esperan en su misericordia,


-Pedimos, Jesús, tu mirada 
Para quedar perdonados. Tu mirada es compasiva y 
purificadora. Penetra hasta dentro, sanándolo todo con la medicina 
de tu amor. ¡Qué bien nos conoces y nos comprendes! Tu mirada 
se posa misericordiosamente sobre nosotros y los pecados ya ni se 
recuerdan, o se recuerdan para confesar tu nombre. Es una mirada 
que nos dice: Yo te amo, a pesar de todo, yo te amo. Es una mirada 
que lo viste todo de ternura.
Para quedar rehabilitados. Porque el amor dignifica. Cuando 
uno se siente amado, ya se ve como persona, y su vida se ilumina. 
¿Quien sea objeto del amor de Dios, no se sentirá valioso e 
importante? Ya se puede tener confianza en sí mismo y en todo. 
Para quedar transformados y ser hombres nuevos, tu mirada tiene 
una capacidad creadora y despierta en nosotros los mejores 
estímulos. Con tu mirada sentimos deseos de ser limpios, de 
seguirte, de abrirnos a los demás. Tu mirada enciende y trasciende 
nuestra vida.

martes, 12 de diciembre de 2017

Oración a la Virgen de Guadalupe


¡Oh Virgen Inmaculada, Madre del verdadero Dios y Madre de la Iglesia! Tú, que desde este lugar manifiestas tu clemencia y tu compasión a todos los que solicitan tu amparo; escucha la oración que con filial confianza te dirigimos y preséntala ante tu Hijo Jesús, único redentor nuestro.
Madre de misericordia, Maestra del sacrificio escondido y silencioso, a ti, que sales al encuentro de nosotros, los pecadores, te consagramos en este día todos nuestro ser y todo nuestro amor. Te consagramos también nuestra vida, nuestros trabajos, nuestras alegrías, nuestras enfermedades y nuestros dolores.
Da la paz, la justicia y la prosperidad a nuestros pueblos; ya que todo lo que tenemos y somos lo ponemos bajo tu cuidado, Señora y madre nuestra.
Queremos ser totalmente tuyos y recorrer contigo el camino de una plena fidelidad a Jesucristo en su Iglesia: no nos sueltes de tu mano amorosa.
Virgen de Guadalupe, Madre de las Américas, te pedimos por todos los obispos, para que conduzcan a los fieles por senderos de intensa vida cristiana, de amor y de humilde servicio a Dios y a las almas.
Contempla esta inmensa mies, e intercede para que el Señor infunda hambre de santidad en todo el Pueblo de Dios, y otorga abundantes vocaciones de sacerdotes y religiosos, fuertes en la fe, y celosos dispensadores de los misterios de Dios.


jueves, 7 de diciembre de 2017

La adoración es derramar el corazón a los pies del maestro. Un adorador es una persona que no se reserva nada delante de Dios, que lo da todo, quiebra su corazón y su vida en su presencia (Lc 7,36).



Dios quiere operar en nuestra mente y nuestro corazón, en donde recibimos lo que nos transforma, lo que edifica, lo que nos santifica, lo que no merecemos. Por esto es que la adoración verdadera puede llegar a doler, pero es un dolor  purificador, provocado por la mano de Dios obrando en nuestro ser; así como las brasas encendidas que el Señor puso en los labios de Isaías. (Isaías 6). En otras ocasiones la adoración verdadera toma la forma de una lucha en la que Dios siempre vence y de la que nosotros salimos como hombres nuevos

Digno de alabarte Señor, gloria y majestad sean a Tí rey de la creación



Los cristianos son llamados a gozar de la gloria de Dios, y a esta finalidad última deben tender sus esfuerzos (1 Cor 10,31; 2 Cor 4,17; 8,9). Cristo a los que creen en El comunica la gloria de Dios, que Él mismo había recibido del Padre (Rom 3,23).